LA VEU DEL POBLE

Informació de Xilxes

La opinión de Telemaco.


Cada año llega el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer, y en muchos pueblos —también en Xilxes— aparecen actos, fotografías institucionales, pancartas y discursos oficiales. Todo parece muy correcto, muy ordenado, muy institucional. Pero conviene recordar algo que a veces se intenta suavizar: el 8M no nació como una celebración institucional, sino como una jornada de lucha, de reivindicación y de memoria colectiva de las mujeres trabajadoras.

El origen del 8M está ligado a huelgas, protestas y a décadas de reivindicaciones por derechos básicos: el derecho al trabajo digno, a la igualdad salarial, a la participación política, a la protección frente a la violencia y a la autonomía personal. No fue una fecha creada para fotografías de despacho ni para agendas municipales. Fue una fecha nacida en la calle.

Por eso resulta llamativo ver cómo, también en Xilxes, el Ayuntamiento intenta convertir el 8M en un escaparate institucional, vaciándolo de buena parte de su contenido reivindicativo. Se organizan actos, se invita a asociaciones y se reparten reconocimientos, pero a menudo se evita hablar de lo esencial: de las desigualdades reales que siguen existiendo y de las políticas que hoy las están debilitando.

En los últimos años, el Partido Popular, también en muchos municipios, se ha ido acercando cada vez más a posiciones que cuestionan avances históricos en materia de igualdad. Basta observar algunos de los discursos que resurgen periódicamente en su entorno político: la ofensiva contra el derecho al aborto, el cuestionamiento del feminismo como movimiento social y el intento de diluir o borrar el concepto de violencia de género, sustituyéndolo por expresiones más genéricas que invisibilizan la realidad específica que sufren las mujeres.

No es un debate menor. Durante décadas, el reconocimiento de la violencia de género como una violencia estructural fue un consenso democrático que permitió desarrollar políticas públicas, recursos de protección y marcos legales específicos. Sin embargo, hoy vemos cómo ese consenso se erosiona en algunos ámbitos políticos, donde se intenta relativizar el problema o reducir su alcance conceptual.

Y mientras esos debates se producen a nivel estatal o autonómico, en el ámbito local se intenta proyectar una imagen amable organizando actos en los que participan determinadas asociaciones, directivas o colectivos afines, algunos cercanos ideológicamente y otros integrados en una red de relaciones que el poder municipal sabe activar cuando necesita legitimarse públicamente.

El problema no es que participen asociaciones —al contrario, la sociedad civil es fundamental—. El problema es cuando la participación se convierte en decorado para dar apariencia de consenso, mientras se evita cualquier reflexión crítica sobre la realidad de los derechos de las mujeres.

Porque el 8M no debería ser un acto cómodo.
Nunca lo ha sido.

El 8M es, o debería seguir siendo, un recordatorio incómodo de que la igualdad aún no está plenamente conquistada; de que existen brechas salariales, desigualdades en los cuidados, violencias estructurales y retrocesos políticos que amenazan derechos que costaron décadas conseguir.

En pueblos como Xilxes, donde todos nos conocemos, es todavía más fácil distinguir cuándo una política es sincera y cuándo se convierte en una operación de imagen. Las pancartas duran un día. Las políticas públicas duran años.

Quizá por eso convendría recuperar el sentido original del 8M: escuchar a las mujeres, especialmente a las que no siempre están en los actos oficiales; escuchar a quienes trabajan, cuidan, reivindican y sostienen la vida cotidiana del pueblo.

Porque el feminismo no nació en los despachos municipales.
Nació en la calle.

Y si el 8M se convierte únicamente en un acto institucional más del calendario, entonces habremos perdido algo importante: la memoria de por qué existe esa fecha.

Tal vez el mejor homenaje que puede hacerse en Xilxes al 8 de marzo no sea llenar el programa de actos, sino recordar su origen y actuar en consecuencia.

Porque la igualdad real no se construye con fotografías.
Se construye con políticas, con compromiso y con memoria.

Telemaco.

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